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Hace ya unos días, Anikaviro subió a Tuiter una captura de pantalla que mostraba cómo un conductor de MyTaxy proponía tomar un café a una de sus clientas. Los usuarios de la app sabréis que tanto el taxista como el cliente tienen acceso a los teléfonos del otro desde el instante en que se establece la conexión virtual. No son pocas las ocasiones en las que yo he sido llamada por uno de los taxistas (acostumbro a tardar en bajar) o viceversa (acostumbro a avisar de que voy a tardar en bajar) y son muchas las veces que me he puesto en contacto telefónico con repartidores de aplicaciones que cuentan con un mecanismo similar. Nunca me he leído las condiciones de uso antes de aceptarlas, pero supongo que en algún paso me comprometí a no utilizar los datos de dichas personas para fines distintos a los concernientes al servicio prestado. Del mismo modo, sobreentiendo que las aplicaciones garantizan la protección de mis datos. Hasta ahí todo claro.

Ani acompañó la captura del siguiente texto: «¿Que por qué es necesario el feminismo? Mirad lo que le acaba de pasar a una amiga con @mytaxi_es». Es decir: lo que pretendía Ani no era limitarse a señalar la evidente infracción profesional, sino denunciar la patriarcalidad que la aproximación revelaba. La guerra entre los bandos usuales estalló en un santiamén, adquiriendo —como siempre— tintes bochornosos. Pero, ¿qué es lo que escribió el hombre en cuestión? «Hola / Soy el taxista / No t voy a molestar solo decirte / Q si t apetece tomar algo / Me gustaría tomar un café / Si te ha molestado lo siento». Habituada a conversaciones en las que el tío adopta un papel explícitamente abusivo y condicionada por lo que esperaba encontrar, no hallé en esas palabras al monstruo que todas retrataban.

He reflexionado mucho sobre lo que me condujo a razonar como razoné. Para empezar: el término “acoso” se repetía sin cesar y yo no reconocí en el mensaje a un acosador. A partir de ese momento coloqué al vilipendiado protagonista bajo una luz favorable e imaginé una situación ad hoc: chico conoce a chica, chico se interesa por chica, chico espera a que la relación laboral haya terminado para evitar incomodarla durante la misma y, después, pregunta con amabilidad y no insiste. Desde esta perspectiva, el hombre me pareció sólo un mal profesional. Las formas pesaron más que cualquier otro factor. Las formas, de hecho, anularon cualquier otro factor. Había sido amable y no había insistido. Inmersa ya en esta línea argumental, expuse mi condición de soltera heterosexual y mi voluntad de no neutralizar opciones de ligue. Sentencié que no me ofendería que un hombre se acercase con educación si se iba en cuanto se lo pidiera. De repente ocurrió: mi opinión coincidía con la de todos los machistas de Internet.

El texto de hoy no trata sobre el conflicto, trata sobre el error que cometí.  He explicado que coloqué al protagonista bajo una luz favorable, pero lo que hice fue obviar a la verdadera protagonista. Impuse una narrativa que giraba en torno al taxista, me enredé en el debate terminológico y no presté atención a la única importante: ELLA. La amiga de Anikaviro compartió la captura porque aquello la ofendió. Ése, y no el tono del mensaje, debió haber sido mi punto de partida. Que ella se sintiera dolida, invadida y vulnerada desmonta la hipótesis que erigí para justificar la acción. Carente del filtro romántico, la fotografía queda expuesta sin matices: una joven confía sus datos a una aplicación y un profesional abusa de esa confianza, anteponiendo su deseo de aproximarse a la chica a la comodidad de ésta.

Ignoro si aquel conductor era un chaval torpísimo, un creep o un depredador. Lo ignoro yo, que le defendí, y lo ignoran quienes le atacaron. Es irrelevante. El tono del tío, el mensaje del tío y la intención del tío son irrelevantes. Lo relevante es que el sistema concibe las relaciones entre hombres y mujeres en clave exclusivamente erótico-romántica, que la mujer es el sujeto a conquistar (el objeto a poseer en el peor de los casos), que la invasión del espacio femenino (si es que el espacio se reconoce siquiera) queda legitimada en pos de un cortejo y que hasta el mejor de los hombres tiene interiorizadas estas premisas. Éste, en concreto, traspasó una frontera sin indicio alguno que de que su osadía fuese a ser bien recibida.

Las feministas reciben una cantidad inabarcable de feedback negativo. Sospecho que Anikaviro se vio obligada a encajar numerosos insultos a lo largo de esa mañana. Sé por experiencia que es fácil dudar de una misma y que cualquier opinión inclina la balanza y afecta a nivel personal. Por fortuna, un montón de mujeres guais se encargan a diario de levantar un frente fuerte. Lo que me jode es no haber estado en ese lado. Reproduje, punto por punto, la conducta que suele molestarme. Sirva este post de tímida disculpa.

15 Responses to “Cosas”

  1. Pablo

    Hola. He visto tu hilo sobre esto por Tuiter y me encantó la forma en la que fuiste rectificando poco a poco y la reflexión resultante de eso. Me alegro también de que esto haya servido para que actualices el blog 😀

  2. anikaviro

    Me ha gustado.
    Aunque repito lo dicho: no era necesaria disculpa alguna. Con usted siempre se puede hablar, estemos de acuerdo o no 🙂

  3. Jorge Zelada

    Interesante y honrada petición de disculpas. Como hombre que no solo intenta no ser machista sino tampoco parecerlo, me parece que la situación de la mujer en la sociedad actual todavía nos obliga a la “presunción de intención de abusar” a la que sometemos a todos los hombres que se aproximan a mujeres con intención de iniciar una relación, sin más. Tema difícil sobre el que me gustaría escribieras.

    • Bárbara Arena

      Justo me preguntaban hace poco cuáles eran los límites de la aproximación, qué se consideraba una invasión y qué no. Yo, en concreto, no me siento ofendida cuando un hombre se acerca con educación y sin insistir, pero en este caso se produce un abuso de poder: el taxista no tenía consentimiento para usar ese teléfono fuera del marco laboral. Podría haber pedido permiso durante la carrera y no lo hizo. Si ella se sintió violentada, no hay más que hablar.

  4. Martin Merello

    Una feminsta coherente o una mujer guay de las que hablas deberia denunciar o tomar las represalias oportunas inmediatamente y, una vez impuestas las sanciones o condenas oportunas que la ley contemple, entonces si se difunde el caso dandose estas a conocer y se predica con el ejemplo de como actuar ante este tipo de hechos. Incluso si la represalia es simplemente contestar “eres un machista de mierda, un terrible profesional y deberia darte verguenza”. Entonces, TODO el mensaje que se construye alrededor del hecho cambia.

    Pero no, es mejor victimizarse a uno mismo e ir corriendo a tu safe space a lloriquear y a buscar el cobijo de las opiniones de internet que te muestren como ser una buena feminista. Asco de sociedad.

    A fregar

    (disculpen ausencia de tildes)

  5. Rada Haze

    Buenas,
    yo también leí tu hilo en Twitter y creí sinceramente que tenías razón, a medias. El hecho de que un hombre o una mujer haya querido acercarse a otra persona para conocerla e intimar, con respeto y educación, no creo que confiera acoso. Mi pregunta es; ¿quién tiene derecho a juzgar si estás o dejas de estar equivocado? Hablando de opiniones. Bien que antes te pusieras de parte del hombre y ahora de parte de la mujer, pero creo, desde mi punto de vista, que uno no puede en estos casos decantarse por ninguno de los dos bandos. El llamar “acosador” a un hombre por querer simplemente conocer a una persona cortésmente – dejando de lado que es antiprofesional en el caso del taxista – es también convertirlo en víctima, pues se le atribuyen rasgos atroces que no creo sean oportunos ni merecedores en esta coyuntura. Y dejar de lado que la mujer se ha sentido desprotegida e inerme porque sus datos han sido utilizados para otra función que no era la apropiada y la acordada, también sería un error, ergo, desconsiderar su postura de víctima “””””real”””””.
    Yo, siendo mujer, en este caso, no estoy a favor ni en contra de ninguna de las dos partes. Es difícil amoldarse a la libertad de expresión de toda voluntad y razón, pero la postura más equitativa me parece la expuesta y no creo que estés en desacuerdo habiéndote leído desde hace tiempo. Pero vaya, ya opinarás si te apetece.

    ¡Saludos!

    • Bárbara Arena

      Estoy de acuerdo en que la imprecisión lingüística propició que el juicio al hombre se percibiese como excesivo. Por eso, en el texto, e intentado reorientar la atención a lo que a mí me parece relevante: la invasión del espacio. En un momento dado me refiero a eso: ni yo ni quienes le atribuyeron las peores intenciones sabemos qué clase de hombre es el taxista, pero es que eso es irrelevante. Un saludo.

  6. Leyyva

    BRAVA.

  7. carlos

    Me parece que tienes derecho a opinar y a que no estén de acuerdo contigo. Me parece que late de fondo otro tema más importante aún: el emotivismo. Se toma como premisa que ella se siente violentada como si el sentimiento fuera lo que marcara la bondad o maldad del asunto. El núcleo de la cuestión no es el sentimiento de ella sino el incumplimiento de un compromiso por parte del profesional. Pero no es políticamente correcto hablar de lealtad a los compromisos adquiridos.

    Gracias por escribir

    • Bárbara Arena

      Por supuesto, pero es que yo analicé la historia en clave romántica. En esa clave el sentimiento es fundamental, porque que él incumpliera su deber profesional sólo estaría justificado si ella le dio consentimiento explícito o tácito para hacerlo. Si se sintió invadida es que ese tipo de interacción nunca ocurrió, ergo la acción no estaba justificada.

  8. Camino

    Me has hecho reflexionar. Yo también he caído en “la trampa”.

  9. Javier

    Muy interesante este texto.

    Me ha llamado la atención el momento en que el hombre no era presentado como un monstruo y se razonaba sobre su comportamiento, porque no me lo esperaba.

    Pero sin duda lo que más me ha impactado y dado que pensar es esta frase: “expuse mi condición de soltera heterosexual y mi voluntad de no neutralizar opciones de ligue”. Actualmente, veo en internet que este todo lo que sea relacionado con ligar es una agresión, pero al mismo tiempo sigo viendo que la gente liga. El comentario que tú misma apuntas me hace preguntar si el ser algo considerado una agresión o no está influido por la situación personal de cada una.

    Por ejemplo, he leído textos que consideran las miradas un acto de agresión mientras que hay mujeres que consideran el ser miradas una forma de disfrutar su sexualidad. Me pregunto qué factores juegan en esta diferencia de pareceres.

    Además por supuesto del obvio de los sexos que tenga cada uno.

    Una cosa interesante sería ver cómo reaccionaríamos si el taxista hubiera sido un hombre gay y el cliente, otro hombre gay.

    Al mismo tiempo, sería interesante saber qué habría pasado si la mujer hubiera estado interesada en tomar el café; es decir, ¿habría renunciado a algo que le podía interesar potencialmente porque consideraba que el comportamiento del conductor constituía una agresión?

    En fin, da para pensar. Un saludo.

    • Bárbara Arena

      Interesante todo lo que dices. Supongo que sí, depende de cada mujer, pero ten en cuenta que toda mujer ha aprendido a socializar y valorarse dentro de los parámetros establecidos por el hombre, así que no sería raro que un mismo hecho resultase, simultáneamente, halagador e incómodo (un piropo, por ejemplo). La clave creo que es fomentar una comunicación perpetua ente hombre y (sobre todo) mujer y, de cara al futuro, cambiar esos parámetros de los que hablaba (las normas del cortejo romántico, básicamente). Creo que estoy siendo críptica, pero es que no me da tiempo a explicarme bien ahora. Gracias por leer.

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