List

«Son las tres de la madrugada de una noche de las malas y me pregunto cómo es posible que a su lado no pareciera lo que soy. Recuerdo que me lancé a nosotros sin pensarlo, ignorando la lista infinita de amenazas que durante tantos años me había inmovilizado. Quizá detectara a un nivel físico, muscular, casi epidérmico, que no había nada que temer. Me contó que le encantaban las magnolias y que sabía de árboles y me escuchó muy atento, sin reírse, cuando le hablé de las orcas. Aprendí a dejarme ser y me observó sin marcharse. Me vio monstruo y niña, engendro y luz, la mujer más fea de la Tierra. La conciencia insoportable de mi naturaleza equívoca se diluyó en una cotidianeidad de cenas y paseos, tropiezos, viajes al sur y ataques de risa. Lo logramos sin saber siquiera que lo estábamos haciendo. El orgullo incapacitante desapareció a golpe de afecto; el vínculo original, el vínculo primario, se reconstituyó de pronto. Frente a él volví a confiar en todo. ¿Y por qué digo “frente a él”, si no fue frente a él sino con él? O más bien en él, porque poco a poco le convertí en el sitio al que volver siempre. El sitio del que no saber salir».

Vomité eso a las tres de la madrugada de una noche de las malas, hace ya meses, inmersa aún en mi invierno extraño. Llegué a leérselo en voz alta, el día que subió a casa, para que supiera que le quise de verdad. Me senté sobre sus rodillas y creo que lloré. Falso: sé que lloré. Luego se despidió por enésima vez.

Hace unas semanas terminé el libro que Joan Didion escribió tras la muerte de su marido. La estricta pulcritud de su estilo revela la que era —tal y como ella confiesa— su prioridad por entonces: no caer en la autocompasión. Supongo que sabía que las palabras son las mejores aliadas del tipo de nostalgia que lo corrompe todo. No pretendo equiparar mis estúpidos dolores a los de una viuda sangrante, pero sí ilustrar una preocupación. Cuando todavía estábamos juntos, él me hizo prometer que algún día le dedicaría un texto. Si no lo he hecho hasta ahora es porque desconfío de mi capacidad para detectar las trampas. Temo mentir. Detestaría modificar el pasado en el acto mismo de nombrarlo; instrumentalizar la forma en beneficio de una idea; una idea de mí, una idea de nosotros. Detestaría entregarme a lo fácil, y qué fácil es —en ocasiones— la tristeza.

Hay que explicarse sin revelar demasiado. Hay que aferrarse a lo concreto sin atentar contra el pudor. Limitarse a mencionar la desacralización del sexo, las sábanas y el enredo, el abrazo perfecto. Santander, Cádiz, Madrid. Los cíclopes (algo de lo que él no se acuerda) y la tarde en que —bajando por José Abascal— lloré de felicidad (algo que él no sabe). Las ranas y los desencuentros. La pajarería y el conejo. Las cenas de domingo en el japonés vacío. Su forma de agarrar la pata de mi silla y arrastrarme hacia la suya. El cambio momentáneo (siempre sutil, siempre honesto) en sus ojos al mirarme. Los nardos, la caja de los treinta y seis cactus que acabaron muertos por exceso de cuidados, el naranjo enano. Vips de López de Hoyos. El patetismo mutuo, compartido; mi nariz en su cuello, su mano inerte sobre mi pierna, un ronquido en mi oreja, el moño despeinado y el cerrojo de mi cuarto. María Zambrano. Los buenos días. Las buenas noches. El infortunio de lo tangible. El milagro improbable. La permanente sensación de que eso era de lo que me habían hablado los demás. La certeza de que eso era, por fin, vivir.

Fuiste el día en que se reanudó mi tiempo.

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31 Responses to “Sobre orcas y magnolias”

  1. Lingüistafascinada

    Da gusto leerte <3

  2. Persona no pija

    Me ha encantado la entrada, pero no sé si va dirigida a tu ex o a tu express. Por cierto, ¿cómo puedes tener coche y utilizar el taxi?¿Se puede ser más pija?

    • Bárbara Arena

      XD Gracias por lo primero. Lo segundo: al ex. El pobre express fue tan express que ni post ni ná. Por último: A VEEEER: la foto de miguel ángel fue en un car2go, ergo no era mi coche. Y dejadme ser pija en paz, por dios bendito, que no lo oculto y me flagelo a diario ante vosotros.

      • Me disculpo

        Vale, es que lo había leído pensando que todo eso era de un mes y te he imaginado en plan 3MSC sin tiempo de ir al baño siquiera. Y perdón por lo último, en realidad es envidia por Miguel Ángel.

  3. itp

    A veces te leo. No te sigo en Twitter. En verdad, no sé por qué. Pero a menudo leo tus tuits porque me llegan en forma de RT y, oye, ya que los tengo ahí, echo un vistazo.

    A veces te leo y pareciera que lo que escribes son dos ojos devolviéndome la mirada, es espejo o un eco tras un grito. A veces te leo y uno se siento menos perdido porque, joder, estoy bastante harto de que se estigmatice el sentir. “¿Quieres, no te ha ido bien y sigues queriendo? La culpa es tuya”. No sé, no me parece tan raro albergar sentimientos dolorosos después de ponerle el candado a una historia que te hizo feliz (aunque fuera por un rato). El caso es que me ha parecido leerte alguna vez que ese tipo de sensación la consideras tan lícita como no humillante. Y me reconforta, la verdad.

    Leyendo a otro tuitero he dado con tu blog. Me ha picado la curiosidad y he leído la última entrada. Hoy creo que he vuelto a protagonizar una (la enésima) despedida. Esta noche, mientras te leía, he vuelto a sentir que dos ojos me observaban. Muchas gracias.

    Buenas noches.

  4. Ardilla Dramática

    Ay Bárbara , cómo me gusta cómo escribes. Gracias por contarnos de una manera tan inteligente lo que te hace más vulnerable. Ojalá pronto encuentres a la persona que te haga “dejarte ser”. Pero para mí lo importante es lo que ya eres. Por favor, no dejes de escribir.

  5. Jarena

    ¡Magnífico!

  6. open your mind

    ¿Por qué las cosas que más nos marcan sobre las personas que nos marcan, aún mas, se mantienen en nuestra mente de una forma permanente, hasta los mas mínimos detalles? La colonia de aquel día, la camisa que llevaba o el color de pintalabios que te habías puesto tú. Me pasa lo mismo en ese sentido, me acuerdo de tantas cosas con y de esa persona, que se llega a asustar de la cantidad de momentos que soy capaz de albergar en mi coco, con el razonamiento de que era ”contigo”.
    Ese es el concepto, por los buenos días y las buenas noches, lo has ( o me has) captado a la perfección. Vales para esto, no te rindas.
    Encantada de poder leerte y entenderte.

  7. carlos

    Enhorabuena, ya has llegado. Ahora, a vivir.

    Gracias por escribir

  8. Licia.

    Expresas sentimientos complejos con precisión cirujana, es increíble. Un gusto leerte.

    Por cierto, algunas veces sueltas notas, pero sabiendo qué te interesa me gustaría que algún día, aquí o vía Twitter más rápido más fácil, nos contases cuáles son tus libros favoritos.

    <3

    • Bárbara Arena

      Esto que me dices es lo mejor que podía escuchar: lo más importante para mí, cuando escribo, es la precisión.
      Sobre lo segundo: mucha gente me pregunta qué libros leo, así que tenía pensado publicar un post sobre eso. Próximamente.
      Gracias por tu atención. Un beso fuerte.

  9. Mara

    ¡Me encanta leerte Bubi! #Genia

  10. Paz

    Que se estigmatiza el sentir?? O hablar y escribir sobre ello?
    Está claro que afortunadamente me estoy perdiendo algo.
    Es un regalo leerte y me SIENTO feliz cuando publicas tus textos.
    Enhorabuena por dejarte ser y por confiar, la vida, con sus riesgos, merece la pena.

  11. mila

    bestia. desde argentina , fana de tu puño, amote

  12. Metadrama

    ¿Sabes qué pasa con esas situaciones mágicas? Que son como los cactus.

    Me ha encantado el texto pequeña Bu. <3

  13. Fanfatal

    Vuelvo este texto de vez en cuando, me revuelve por dentro. Deja de decir ñeñeñe ecribo mierda y actualiza el blog!!! Pasará de nuevo <3

    • Bárbara Arena

      JAJAJA. Me he hecho pis con el mail. Gracias, pequeña Flan. 🙂

  14. Blag

    Hola, BuArena:
    Te leo a veces y lo que voy a decir no tiene nada que ver con esta entrada, pero es que se me ha ocurrido hoy y quería decírtelo.

    Observo (por los comentarios del tuiter) que muchas veces estás como sufriendo por no tener la libido alta y poder responder así a las exigencias de la VIDA. Casi te estás disculpando por no poder acostarte con la peña, aunque algunos hombres, ingenuos o muy egoístas, insisten en que les des una oportunidad, creyendo que quizá con ellos sí puedas.

    Quiero decirte que me siento hermana tuya en ese sufrimiento, y que espero que no te dejes llevar por sentimientos de culpa por no complacer a los tíos, o, sobre todo, por no poder complacerte a ti misma (que creo que es ése el problema). Me explico: creo que el problema es que tenemos una idea de cómo deberíamos ser y, como lo que somos no coincide con eso, nos sometemos a un suplicio sin fin, que, además, tampoco nos sirve para ser mejores. “Lo que deberíamos ser” adquiere forms siempre nuevas y torturantes. Es un mecanismo perverso que impide que puedas aceptarte nunca.

    Quería decirte que espero que puedas abrazarte a ti misma ahora, no cuando llegues a ser lo que tú crees que deberías ser. Que puedas amarte a ti misma ahora, con tus incapacidades, con tus dolores. Eres bella y grande ahora.

    Hablar de una cosa tan personal con alguien a quien, en realidad, no conozco, puede ser muy entrometido, pero me he arriesgado, y te pido disculpas si te parece inoportuno.

    Un abrazo

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