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Empecé Periodismo el año que Erika Ortiz se quitó la vida. Los profesores nos informaron entonces de la forma correcta de trasladar ese tipo de noticias. La palabra suicidio, por ejemplo, queda vedada (silenciada, prohibida, desterrada, negada, inhibida, proscrita) para no propiciar el contagio. Al parecer, sucesos así convierten la fantasía recurrente en un hecho plausible, realizable, e impulsan a espectadores que se hallan en la cuerda floja a seguir los pasos del valiente (efecto Werther). He dicho valiente, cayendo en la trampa de quienes plantean la problemática en clave de valentía y cobardía, de egoísmo o no. Por desgracia, estas discusiones suceden a muchas muertes voluntarias (discusiones en las que la empatía suele inclinarse en favor de los seres queridos en duelo, como si hubiese dos bandos enfrentados en lugar de un dolor compartido).

Chester Bennington, vocalista de Linkin Park, se ahorcó el jueves en su mansión de Palo Alto. Poco después de enterarme, salí a pasear por Madrid. El cielo estaba rojo, apenas había gente, la temperatura era ideal y yo me encontraba rara. Publiqué el siguiente tuit: Estoy segura de que la noticia de un suicidio produce una sensación común, íntima e inexpresable, entre quienes padecemos ciertas movidas. Temí momentáneamente ser tachada de egocéntrica u oportunista, pero mis notificaciones se llenaron pronto de desconocidos que afirmaban saber de lo que estaba hablando. Aquel día describí la sensación como inexpresable, pues es difícil retratar la clase de vibración que toma fuerza en esa zona recóndita, profunda, en la que no impera el verbo. No obstante, lo voy a intentar.

A mi madre le impactaron los ojos que traje a casa la tarde que un chico de mi entorno se pegó un tiro. Según ella, reflejaban alivio. No me extraña en absoluto: es justo lo que sentí. Cuando estoy mal, la noticia de un suicidio me genera paz (se adivina la promesa de descanso, una puerta se abre, alguien deja de sufrir). Cuando estoy mejor, la noticia de un suicidio me genera miedo (miedo a la recaída, miedo al porvenir). La noche que Ren Hang murió, pasé largo rato con las pupilas fijas en uno de sus posts. Se titulaba MY DEPRESSION. Me fue imposible descifrar los caracteres chinos, pero apuesto a que cualquier confesión que hubiese leído me habría resultado terriblemente familiar. Algo dentro de mí se vinculó al fotógrafo: me sobrevino un amor sin condiciones, fraternal, del mismo tejido que compone la red a la que me refiero hoy: la noticia de un suicidio despierta, sobre todo, la conciencia de pertenencia a un grupo cuyos miembros están supeditados a una manera de existir que les separa radicalmente del resto.

Al explicar en ‘Ciutat Morta’ los motivos que llevaron a su amiga a tirarse por la ventana, Diana Junyent mencionaba la relación estrecha que Patricia Heras tuvo siempre con la muerte. Escuchándola, recordé los buitres faulknerianos que acompañaban a la familia Bundren durante su trayecto a Jefferson y que evidenciaban la presencia de un cadáver entre la curiosa comitiva. Imagino ahora a un par de aves oscuras merodeando cerca del cuerpo de Patricia desde mucho antes de que muriera, a una ya dócil posada sobre mi cama y a otras miles acechando las espaldas de hombres y mujeres que —como ella o como yo— conviven o han convivido con una idea que, a fuerza de repetirse, ni siquiera cobra un matiz amenazante; simplemente está. La perspectiva desde la que abordo el tema es incómoda: tratarlo en primera persona provoca distintas reacciones, casi todas desagradables. Lo que más me afecta a mí es el escepticismo de quienes tienden a considerar toda llamada de auxilio una llamada de atención. Pareciera como si el hecho consumado legitimara al suicida y, en consecuencia, la no consumación deslegitimara a los demás: «Si tan suicida eres, hazlo; si no, cállate». Frente a la severidad de un acto semejante, cualquier frase queda suspendida en el más estúpido vacío. Y, sin embargo, es necesario hablar, porque sólo hablando puede establecerse un puente con aquello que comienza en donde acaba uno mismo.

Yo ya no estoy ahí. Reitero: sólo hablando es posible la reconciliación.

Captura de pantalla 2017-07-23 a las 21.56.00

25 Responses to “S******O”

  1. carlos

    Si observas bien, junto a los buitres también volaban otras aves, quizá más pequeñas, quizá menos vistosas. Ahí están y se puede hablar con ellas para que nos guíen a jardines secretos donde la paz es posible aun en vida. Gracias por escribir.

  2. Anónima

    Hola Bárbara (me tomo la confianza de llamarte por tu nombre si no me equivoco y es ese), pues ya llevo mucho tiempo leyéndote, casi desde que comenzaste en Twitter. Siempre he sentido una conexión contigo que, de alguna manera, he ido llevando al cabo de los años. Yo también sé lo que es la depresión (es una de las pocas veces que me atrevo a nombrarla, la siento como Voldemort, si la nombro parece real). Estuve cinco años de mi vida postrada en mi propio universo queriendo desaparecer de él. Nada me hacía cambiar de idea en mi cabeza, quería acabar con todo. Un corazón roto, problemas familiares, una autoestima por los suelos. El todo y la nada. En la distancia te leo y siento cada palabra que escribes. Este relato me ha llegado al alma, por eso te he escrito. Solo los que lo hemos padecido (y padecemos, pues es como una sombra que siempre va acompañarte) lo entendemos.
    Un beso enorme, vales mucho.

  3. Miguel

    Muchas gracias de corazón por hacer esto que haces. Te deseo lo mejor.

  4. alejandro rc

    He estado leyendo tus textos, algunos de ellos me gustan mucho. No sé como te he encontrado, he dado un enlace en twitter y has aparecido. Gracias por escribir, me has dado la oportunidad de mirar el mundo desde otros ojos. Seguiré leyéndote..

  5. Erre

    Supongo que conexión es leerte y soltar una lágrima de alivio. Gracias, Bú, aunque angustiosas palabras, a veces reconfortan si eres tú quién las escribe. Un beso enorme.

  6. Jorge

    Que soplo de aire fresco. Alguien que escribe sobre suicidio. Suicidio como salida de la depresion. Hace años tuve depresion y una salida era tirarme por la ventana. La otra, bajar por la escalera, que es lo que hice. El suicidio me produce humor, me da la risa, de verdad. Gracias por la ocasion de escribir sobre el suicidio.

  7. cecilia

    me gustó mucho el ultimo párrafo: es notable a veces la indiferencia de los que rodean al potencial suicida. No se suele tomarlo en serio aunque se piense que sí. después si lleva a cabo el acto “no pensábamos que estaba tan mal” “no pensaba que lo decia en serio”. pero siempre avisa siempre quiere hablar y alguien no escucha, obvio también a veces se intenta y lamentablemente no se logra ayudar. Recuerdo cuando yo estuve mal y le dije a uno de mis hermanos “estoy mal a veces me quiero matar” su respuesta: “no le vas a hacer eso a mamá”. después no hablé más sobre el tema, incomodaba, era claro que preferian no saber… hay que hablar pero sobre todo hay que aprender a ESCUCHAR.

    • Bárbara Arena

      Totalmente de acuerdo: no quería cambiar el enfoque del texto y explayarme sobre el punto final, la comunicación, pero en algún momento escribiré sobre ello. Escuchar, qué cosa tan sencilla y, al parecer, difícil de hacer bien. Te mando un beso.

  8. Ardilla Dramática

    Qué duro eso que has escrito. No me encuentro entre las personas que “saben de lo que estás hablando” (creo que por suerte) pero te doy las gracias por explicar tan bien algo tan complejo. Escribes de maravilla.

  9. alejandro rc

    Hola bú. Estoy realmente sorprendido, porque Bu es el gato principal de mis historias: el gato bú, y el perro Kant. Así que leyendo este artículo he decidido poner letra a esta canción: https://youtu.be/S3okVBzhJq0?list=PLjXIt4StKdzbMjg2Z57fsT1o875N_kVGq écha un vistazo, es un video super bonito hecho por decial lirical beat, a lo que ya he puesto letra a alguno de sus temas.. Perdona que me meta en tu vida, pero me ha gustado sobretodo tú sinceridad absoluta. Me ha gustado mucho leerte, así que a este tema va por tí y por mi personaje el gato Bú y el perro Kant, todavía no esta ni siquiera escrito, ni nada, pero tengo algo que hacer los próximos días, y es super importante, tener algo que hacer.. Escribir, cantar, vivir. ¿No?.

    Me ha encantado conocerte y sobretodo leerte. Me ha gustado mucho, mucho. En serio, sigue escribiendo..

  10. Marta

    Gracias por abrir tu corazón y hacernos un hueco a los que sufrimos estas cosas, por dar voz a los que no se atreven a decir que quieren morir.
    Me alegra verte mejor.
    Esto es de mi blog; lo escribí cuando el piloto aquel estampó el avión en los Alpes y enseguida nos señalaron como culpables a los depresivos y potenciales suicidas. Muchos besos, Bu. :***************

    http://laredantisocial.blogspot.com.es/2015/03/quita-bicho.html

  11. Ani

    Leo, sufro y deseo que “no vuelvas a estar ahí” y si lo vuelves a estar puedas volver a estar aquí. Siempre. <3

  12. Isabel

    Brillante ante un tema considerado tan oscuro!!

  13. Anon Borracha de Madrugada

    La empatía con los familiares en duelo, como si hubiese dos bandos. Prima-hermana de la empatía con los familiares que te acompañan en la lucha cuando tú tienes anorexia y depresión en vida (por cómo te cuidan, por la paciencia que tienen…), mientras que tú únicamente eres una egoísta. Same shit.
    Descanso eterno a los valientes, señora de Internet.

  14. alejandro rc

    Buenas noches, bú. No soy nadie, sólo el que escribe sobre el gato Bu y el perro Kant, no canto bién, pero me gusta cantar…aunque llueva. Para tí… las hojas verdes perdidas para siempre.

    https://youtu.be/55UvKWWl0_M

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