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Conocí hace poco la existencia de una organización de exmusulmanes que promueve, según su web, la aceptación de la disidencia religiosa y los valores seculares. Como podréis imaginar, se han ganado detractores entre quienes no toleran su voluntad de abandonar la creencia en la que fueron educados, pero —además— se encuentran a diario con un obstáculo añadido: su discurso, muy crítico con el Islam, es utilizado por miembros de la alt-right (derechona nazi trumpiana) como argumento para legitimar el racismo y la islamofobia de la que hacen gala. Resumiendo la paradoja: estadounidenses a menudo originarios de países árabes escuchan sus propias palabras en boca de los mismos supremacistas blancos que, probablemente, desearían verlos expulsados de la nación cuyo suelo comparten (si no algo peor).

Elisa Beni firmaba la semana pasada un texto que invita a reorientar el análisis que el feminismo está haciendo del juicio a ‘La Manada’. El artículo, que quizá peque de cierta condescendencia, plantea cosas interesantes (rebatibles o respaldables, por supuesto, pero bienvenidas en cualquier caso). Unas horas después de subirlo a tuiter, comprobé que algunos de los machistas más célebres de la red se servían de la opinión de Beni (mujer y feminista) para ridiculizar a las mujeres feministas con las que ella discrepaba. No importó que la autora hablara sin tapujos sobre una sociedad enferma de cultura de la violación; tampoco que llamara hermanas a las chicas que se manifestaron en varias ciudades de España. No les importó a ellos, porque ellos no atienden a razones que no sean la suyas y se aferrarán al mínimo resquicio para evitar —siempre— algo tan simple como mirarse en un espejo. Sospecho, no obstante, que a la periodista sí le importó ver sus reflexiones manoseadas por determinados sujetos.

La preocupación por la ¿transferibilidad? de las ideas está últimamente muy presente. Apareció, por ejemplo, durante el desarrollo de la crisis catalana. Paco Frutos —histórico comunista— se unía en una marcha multitudinaria a gente que antaño se habría negado a saludarle, y lo hacía porque comparte con sus enemigos naturales un nuevo enemigo común. Las razones que llevan a Paco Frutos a estar en contra del independentismo son muy distintas a las que, pongamos, encienden al ultrasur madridista que se cuelga la bandera al cuello; sin embargo, ahora no es difícil imaginar al facha alabando en la comida familiar lo que el viejo rojo proclamó en la manifestación de Barcelona. La condición problemática de dicha asociación fue, precisamente, el motivo esgrimido por Podemos para no asistir a algunas concentraciones; también, confieso, el origen de la angustia que yo sentí al expresar (e incluso configurar) mi parecer sobre el procés. Salta la pregunta: ¿es motivo suficiente para invalidar mis conclusiones el que sean similares a las de alguien a quien desprecio? Suena a falacia. Dicho eso: en tiempos de 280 caracteres y retuits, incorporar los matices necesarios para explicarse a fondo y neutralizar potenciales equívocos no es tarea sencilla. Nada queda fijo, inamovible. Si —encima— tus sentencias son susceptibles de avivar fuegos destinados a quemar a los tuyos, meditar sobre tu responsabilidad es una obligación. ¿Debe el miedo a la interpretación oportunista condicionar mi libertad? ¿Hasta qué punto soy culpable de lo que el otro hace con mis palabras?

Cuestionada por este asunto, la fundadora de la organización de exmusulmanes se mantenía firme en su pretensión de no autocensurarse, convencida de que es importante no ceder el espacio a moscas cojoneras (licencia literaria). Dentro del feminismo bullen miles de discusiones pendientes, apetecibles, enriquecedoras, pertinentes. Nosotras llevamos años preparadas para tenerlas y —de hecho— se están teniendo, pero es una lástima no poder proponerlas con la tranquilidad que aporta el acuerdo general sobre premisas que deberían estar ya universalmente aceptadas. No estaría mal denunciar la naturaleza tramposa de cierta retórica del empoderamiento sin que señores de mierda aprovecharan para insultar a las que, como base y por defecto, una considera de su equipo. Estoy segura de que muchas nos callamos para eludir situaciones así. Convenido que —por desgracia— los pesaos no se marcharán jamás, a lo mejor la solución es obviarlos por completo.

11 Responses to “Obstáculos”

  1. Celia

    Cada vez que me encuentro con que has subido un nuevo post, me preparo el momento perfecto para leerlo. BuArena, pones palabras a pensamientos míos y lo haces con una precisión innata. Por favor, sube más.

  2. Guimard

    Desde luego sesgar parte del contenido de una idea es una bajeza pero no veo mayor inconveniente, siempre que se incluya el contexto, en poner las palabras de un “rojo” en la boca de un “facha”, pues la unica diferencia entre ellos es la de la etiqueta que se les pone. Se os va la cabeza pensando que una ideología es única e intangente y la realidad es que convergen en tantos aspectos como personas la forman, porque las ideologías no las forman ideas, sino personas, y personas somos todos.

    • Bárbara Arena

      No sé si es que no has entendido el texto o no te has molestado en leerlo. La única diferencia entre un facha y un rojo no es la etiqueta, Javier. No te enfades tanto, chico. Un beso.

      • Guimard

        No me suelo enfadar, menos por un artículo, pero gracias por tu interés.

        Por supuesto que lo he leído y mi comentario más que hacia el texto, que en mi pobre experiencia me parece muy bueno y que plantea unas ideas muy interesantes, iba más enfocado a esas ideas que en él se plantean. Si volverás a faltarme mejor que no me respondas, gracias.

  3. Lucía

    Me encantan tus escritos. Muy acertado este 🙂

  4. Jacobo

    Recuerdo una película, creo que era de Garci, y me veo quizás en 1980. José Sacristán le decía a un amigo, “te querré aunque seas del Opus. Las ideas propias, el respeto y un poquito de ganas! pueden hacer maravillas. Me reconcilia con la vida cuando siento y veo un entendimiento transversal. Me encantan programas de periodistas con quienes discrepo profundamente, me horroriza el Velo islámico pero me cuesta rebatir a algunas mujeres defendiendolo, creo que las discrepancias suelen ser muy enriquecedoras y la posibilidad de debatir con respeto facilita la posibilidad de situarnos en el lugar del otro. En definitiva y pese a eso, es difícil evitar ese cierto prejuicio intelectual que nos lleva a no tomar en serio algunas posiciones. Relajemonos y será más fácil superar cada momento complejo. En fin, yo considero que el denominado Proces es simplemente un conjunto de delitos continuados y en cambio no tengo una posición posiblemente muy abierta de reformas constitucionales de calado. Si tratamos de cumplir la Ley los límites no existen.

  5. Pepa

    Un placer leerte mujer.

  6. Carlos

    Las palabras que abandonaron mi boca o que se deslizaron por el tobogán de mi pluma dejaron de ser mías. Quienes las recogieron y adoptaron las hicieron suyas, las vistieron con sus vivencias, las colorearon con sus emociones, las malversaron a veces, las engrandecieron en otras. Son los riesgos de atreverse a hablar. Gracias por escribir.

  7. Jorge

    Las letras son todo un arma… arma que unos y otros utilizarán cada uno para defender sus propios ideales, conscientes algunos e inconscientes muchos… eso es lo peor que la mayoría simplemente se dejarán llevar de algo que ni siquiera llegan a comprender… el caso es que no será la última vez que utilicen palabras destinadas a un bien como arma arrojadiza contra ese bien. Solo podemos seguir escribiendo y escribiendo y defendiendo aquello en lo que creemos con nuestra mejor intención y nuestras mejores armas… aunque sean de tinta…

    Tienes unos textos que hacen ver que la mujer… perdona… que la persona que está detrás vale su peso en ORO… y te lo dice un aficionado a la locura… 🙂

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