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Es probable que me cruzara a diversas chicas de pelo azul antes que a ella, pero fue ella la primera que llamó mi atención. Todas las que vi después (y vi a muchas, pues ciertas calles de Madrid se inundaron de melenas turquesas durante un momento) se me antojaron repeticiones fraudulentas de la adolescente que, ante mis ojos, precedió al resto del mundo. Me encaminaba al ropero de un restaurante clásico, familiar, cuando reparé en la nota discordante en la que camareros y comensales se fijaban. La chica de pelo azul no debía de tener más de quince años, pero cenaba rodeada de sesentones sin participar en la conversación. Me cayó bien. Rayaba el fondo del plato con su tenedor sujeto a medias, sin fuerza, descansando las pupilas en un punto cualquiera de la porcelana. No era guapa, aunque tampoco fea. Su menudísimo cuerpo se perdía bajo una camisa de franela que podría haber pertenecido a un leñador, el tono de sus labios apenas se distinguía del de su cara y sus cejas —casi inexistentes— coronaban una mirada tan de niña que me resultó extrañamente dolorosa. Toda ella era pálida, imprecisa, como si la hubieran sometido a demasiados lavados y estuviera desgastada. Quizás no sea razonable esperar algo de alguien por el color de su cabellera, pero me descubrí intentando detectar en la dueña del cerúleo las características que el cerúleo evocaba. Digo que lo intenté porque no percibí en sus gestos ensoñación o rebeldía, ni siquiera un leve rastro de vanidad. Nada me hizo creer que se sabía observada y juraría que no se consideraba digna de observar: la chica de pelo azul carecía de otra identidad explícita que el azul de su pelo, ése que se reivindicaba a puñetazos entre la paleta dominante del entorno.

La mayoría de los desconocidos desaparecen de tu mundo tras abandonar tu campo de visión. Nuestra protagonista, sin embargo, ocupó mis pensamientos hasta bien entrada la noche. Sólo la chica de pelo azul que he visto hoy puede ser la chica de pelo azul que he visto hoy”. Escribí esa frase, pedante como siempre, en un papel que todavía conservo. Releyéndola imagino a una muchacha de notable pequeñez, decidida a culminar —bote de tinte en mano— su aspiración de individualidad frente al espejo. Admiro esa curiosa discreción bajo el exceso; la falta de pretensión y la precocidad de una valentía que intuyo sobria, adulta. Tal y como la invento, la niña no busca destacar sino corregir un déficit: salvarse de la extinción a la que parece condenada. Rodeada de los azulejos del cuarto de baño de su casa, mientras sus padres conversan en el salón, se bate a muerte contra la invisibilidad y vence. Sólo la chica de pelo azul que he visto hoy puede ser la chica de pelo azul que he visto hoy”.

Como si se trataran de las gotas iniciales de un diluvio, pronto me topé con otra joven de similar edad e idéntica melena. Paseaba acompañada de un grupo de amigas y se me ocurrió acercarme, motivada —supongo— por mis ganas de cerrar el círculo narrativo. Se llamaba Marta. Lucía orgullosa un color más vibrante que el de su antecesora, se reconocía acostumbrada a los halagos y le encantó que me interesara. Me relató su modesta historia, convencida de que determinados actos (raparse, teñirse, tatuarse…) demandan justificación. No recuerdo lo que explicó. Me concentré en las variaciones de su voz y sus arrugas, en sus pequitas de irlandesa, en los movimientos de los dedos, en sus pómulos marcados, los dientes grandes, el cuello esbelto, la mochila y los zapatos de escolar. Era simpática, extrovertida (casi ruidosa),  consciente de sí misma y repleta de matices. Su estornudo interrumpió la charla. Rió. Se trataba, sin duda, de una persona agradable. No obstante, me marché de allí decepcionada.

A Marta no le faltaba nada. A Marta le sobraba. De hecho: le sobraba todo lo que la convertía en Marta. Lo que me disgustó de ella es lo que me disgusta de mí: la inevitable concreción humana. Basta este texto para saber que mi concepción del mundo es infantil. Soy esclava del ideal y del anhelo irrealizable, del miedo a la imperfección propia y ajena y del temor a una realidad tangible que rompa el metalenguaje literario, protector. Nadie hubiese estado a la altura de mis expectativas porque nadie es capaz de ser y no ser al mismo tiempo: para alcanzar ese último peldaño habría de negarse el yo en pos de una proyección confeccionada a voluntad del espectador. Cuando —meses después—añiles, azures, índigos, cobaltos, garzos, zarcos, azulados, azulinos, azuletes y azulones acapararon el espacio, los rostros de las mujeres teñidas se afirmaron de carne y de hueso, de su carne y de su hueso, y ninguna provocó en mí mayor sensación. Me equivoqué al sentenciar que sólo la chica de pelo azul que vi ese día podía ser la chica de pelo azul que vi ese día. Ni siquiera la chica de pelo azul que vi ese día podía ser la chica que yo creí ver.

Sirva este post de mera introducción.

 

 

 

 

40 Responses to “La chica de pelo azul”

  1. carlos

    No te preocupes, no puedes ser concreta. El ser humano es novedad constante, al igual que es libertad constante. Cada instante es nuevo e irrepetible, no lo puedes concretar, disfrútalo.

  2. Juan Arena

    ¡Me encanta!

  3. mmsiete

    Vaya alucine, en serio, flipo, que maneras. Se te intuye como un océano enfurecido que parece estar en calma. Que pasada

    • Bárbara Arena

      🙂 Lo creas o no, ahora estoy más en calma que hace poco tiempo. Y menos mal. Muchas gracias por leerme así.

  4. Anita

    Precioso <3

  5. cb

    Me ha encantado leerte, Adèle. Digo Bárbara, perdón.

    • Bárbara Arena

      Es curioso, porque hice una referencia a la película que luego borré. Muchas gracias.

  6. Paz

    Hola!
    He acabado leyendo tus textos está madrugada de insomnio de pura casualidad y por supuesto no he podido volver a dormirme ante el despliegue de talento e inteligencia que me he encontrado. Me has hecho pensar y conectarme con algunos estados mentales ya pasados y me ha dado mucha ternura tu juventud y lo que intuyó puede ser parte de tu mundo interior.
    En fin, todo un descubrimiento!
    Enhorabuena por tu blog, te seguiré leyendo.

    • Bárbara Arena

      Mi madre me ha hablado de tu llamada y casi me muero de la ilusión. Mil gracias, de verdad.

  7. Leticia

    Bárbara, buenísimo¡¡¡

  8. B

    Me ha encantado <3

  9. Casilda

    Cada día te superas! Impresionante!!

  10. Juan Arena

    Acojonante Bubi! Enhorabuena. Me ha encantado!

  11. Rosario

    A mi lo que me llama la atención no es la chica de pelo azul si no la chica que escribe sobre la del pelo azul. Además de un gran talento literario, tienes un pensamiento interesante y mucho que contar! Un placer

  12. Barbara pan

    INSUPERABLE!!!!!!!!!!!!!me encanta y me encantas ❤️

  13. Ana

    Me ha encantado!!

  14. Ignacio

    Precioso Bárbara, de una sensibilidad, claridad y sensillez descriptiva y que te recogen y te empujan a seguir leyendo. Gracias por compartirlo. No dejes de escribir, porfa!.

  15. Sandra Ruiz de Velasco

    Qué crack Bárbara Arena!!! aunque con esos padres no me extraña tanto lo bien que escribes!!!Pedazo de familia!!!!!! Besos Sandra

  16. Ardilla dramática

    Qué bien escribes y qué interesante lo que cuentas. Explicas lo complejo haciéndolo tan sencillo que yo, que soy la tipa más concreta del mundo, me siento absolutamente identificada. Te felicito, gracias por tu blog y no dejes de escribir por favor!

  17. Fernando Moreno Marcos

    Leí la primera frase , me enganché y me has hecho llegar tarde a una reunión . Avísame cuando publiques tu primera novela ( si es que no lo has hecho ya ) .

    • Bárbara Arena

      Muchas gracias. 🙂 No he publicado nada, pero ojalá lo haga algún día. Un beso fuerte.

  18. anikaviro

    Hala, genial. Me alegra que hayas vuelto 🙂

  19. Pez

    Creo que no me equivoco si doy por hecho que este encuentro nos ha enamorado a todos. Estoy un poco celosa, ese momento es solo tuyo, guárdalo bien!
    Un saludo 🙂

  20. María

    Jo, escribes con tanta intensidad que no he podido evitar ponerme en tu lugar y emocionarme.
    Me ha encantado descubrir tus letras y leerte.
    Directo al corazón.

    Gracias.

  21. Mer

    Yo quiero que vengas a mi ciudad y me avises cuando vengas. Qué menos.
    Y también quiero que no dejes de escribir.
    ❤❤

  22. estudio arquitectura valencia

    Me gusta saborear y visitar blogs, aprecio mucho el contenido, el trabajo y el tiempo que ponéis en vuestros post. Buscando en Google he encontrado tu blog. Ya he disfrutado de varios publicaciones, pero este es muy adictivo, es unos de mis temas favoritos, y por su calidad me ha distraído mucho. He puesto tu sitio en mis favoritos pues creo que todos tus artículos son interesantes y seguro que voy a pasar muy buenos ratos leyendolos.
    estudio arquitectura valencia http://www.arquestil.es/estudio-arquitectura-valencia

  23. JRSeco

    Yo también me tropecé con la chica del pelo azul por casualidad, ni la buscaba ni conocía a esa tal Bárbara que firmaba su Blog, pero con su relato sentí parecidas sensaciones, alguien muy especial se ¿escondía? detrás de ese azul luminoso de su relato, alguién que no me dejó indiferente , que en apenas una cena de pocos párrafos me consiguió abducir por momentos e invitarme a un postre dulce de recuerdos. GRACIAS

    Conozco a tu padre (él a mi no), eso me permite entender y aceptar tu enorme talento, ¡qué envidia!

    Saludos

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