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Llevo un tiempo intentando empezar un texto cuyo hilo conductor aún no tengo claro. Ayer mismo barajaba la posibilidad de basarlo en la nostalgia. Recostada sobre el ventanal de mi cuarto, examinaba mi creciente apatía ante los acontecimientos de las últimas semanas. Si bien hace tres años me hubiese inquietado prever un futuro similar al que he acabado protagonizando, anoche observaba el Madrid de principios de verano con la indiferencia de quien lo ha vivido todo cientos de veces. Olía a seco, las ramas de los árboles no se movían y apenas se escuchaba el ruido de los coches. Abajo, pequeñita y en vaqueros, una adolescente se alejaba de su portal en dirección al centro. Caminaba ligera, su coleta pendulando al son de las zancadas. No pude distinguir la expresión de su rostro, pero detecté cierta alegría en su manera de moverse. En otro momento hubiera inventado para ella una existencia a la medida de mis propios anhelos, incorporando cada uno de los eventos que por entonces me sentía incapaz de experimentar. Es probable que la hubiera imaginado subida a un autobús repleto de extraños. ¿A dónde iría? Sin duda al barrio de su novio, que la estaría esperando en una casa de padres ausentes. En lugar de recrearme en un hipotético acto sexual, me hubiera maravillado la facilidad con la que la protagonista se desenvolvería en el entorno que yo acostumbraba a percibir amenazante. Ella manejaría las monedas sin torpeza, se orientaría y no se equivocaría de parada, ignoraría a los desconocidos y avanzaría hasta los brazos de ese muchachillo que tocaría su piel desnuda, limitándose a vivir tal y como uno pestañea o respira: sin pensar que lo está haciendo. Así hubiera perseguido yo sus pasos: sobreexcitada, con pupilas de solterona galdosiana o con la amargura juzgona de una anciana precoz; fascinada, desesperada y ansiosa, podrida de envidia o ya resignada; quizás generosa, demasiado cansada tras la derrota definitiva. Anoche, por el contrario, miré a esa chica como se mira a un semejante. Juraría que hasta la compadecí.

Retrocedí y me tumbé en la cama, recordando lo bonitas que me parecían las cosas cuando sólo las veía a través de un cristal. Allí —siempre al otro lado— crecían los demás, atléticos y bellos, con los corazones henchidos o rotos, bailando y ardiendo frente a mis gafas de niña. Allí se besaban, en los portales y ascensores, escondiéndose de adultos que se quisieron y odiaron como ellos —en la penumbra, estrepitosamente— mientras yo aplastaba mi nariz contra la ventana y admiraba sus tropiezos. Desde mi encierro, el exterior se asemejaba a uno de esos mares de invierno (un mar difícil y oscuro: bravo, estimulante y agotador), sólo apto para temerarios dispuestos a superar una y otra vez idénticos obstáculos. Me pregunto ahora si fueron mis ojos la que dotaron de energía a aquellos cuerpos; si lo que me embelesó de la realidad fue la proyección de mi propio deseo. Quizás la obstinación de mi vigilancia cargara de significado toda interacción, enalteciéndola; teatralizándola. Quizás yo concibiera —atrapada hasta la asfixia y sin darme cuenta— un mundo a la medida de mi colosal insatisfacción.

No añoro el pasado. No era feliz. Soy consciente de que no oponer resistencia a la tentación nostálgica equivaldría a legitimar un engaño demasiado burdo, casi obsceno. Y sin embargo, me lamento. ¿Qué es lo que he perdido? En eso consiste el truco (tan infantil, tan insultante): erigí mi vida sobre una mentira y hoy —desmitificada ya la intimidad, desmitificados el amor y el sexo, desmitificado el ideal y desprovista yo del miedo— me enfrento a aceptar, poco a poco, que con esto es suficiente.

bañera

 

38 Responses to “Aftermath”

  1. Churrero

    Me has dejado alucinado. No se puede escribir mejor. Me encanta!!

  2. Carlos

    Amar la trama hasta descubrir que, precisamente por esto, no solo es suficiente, sino grandioso y misterioso, por su eterna novedad.

    Gracias por escribir-te

    • Bárbara Arena

      En eso estoy, a ver si me enamoro de la trama. Gracias a ti por leer-me.

  3. L

    Joder. Gracias.

  4. Paz

    Gracias Bárbara, es un regalo leerte y releerte.

  5. so

    Escribes tan tan tan tan bien. Recreas a la perfección estados, gestos, acciones, detalles, siempre con la palabra justa, sin que sobre ni falta nada. Enhorabuena.

  6. Petirrojo

    Me gustó, Bu.

    No logro discernir entre “es la primera vez que leo algo tuyo extenso” ó “se me olvidó haber leído algo tuyo extenso”.

    Da lo mismo, sigue escribiendo, tiene un tono maduro y sencillo muy agradable.
    Nos vemos en Sufjan,
    ¡o antes!

    abrazo,
    R.

  7. Karina Ramos

    He quedado maravillada de como escribes!! Pasare mi día leyendote

  8. mila

    me quedo sin palabras. ya lo dijiste vos….. felicitaciones. que lindo descubrirte

  9. Jessica

    Te has superado, enhorabuena Bu! (:

  10. Pablo

    Tus relatos son geniales y adictivos 🙂 Me encantan

  11. Iván Payá

    Me veo demasiado en lo que escribes.
    A veces no es fácil leerte, ¿eh? Y esto es un piropo.
    :***

  12. Barbara

    Quiero leerte en un libro …..ya

  13. B.O.

    No dejes de escribir por favor

  14. Elia

    Mi trabajo consiste en leer y en escribir; de muchas formas distintas, pero básicamente es eso. Y te aseguro que hacía mucho tiempo que nadie me pegaba un tiro tan certero con un texto. Así te lo digo.

    • Bárbara Arena

      Qué bonito. Muchísimas gracias, de verdad. Me llena de alegría provocar cosas. 🙂

  15. Albert

    Vaya. La seguía a usted en Twitter por el ingenio, la lucidez y el humor. No esperaba esto. En primer lugar, enhorabuena por el (los) magníficos textos. Y en segundo lugar y a propósito de este en particular, disculpas por el asalto con autobombo incluido, pero creo que viene al caso y además me apetecetraerlo .

  16. María

    ¿Sabes eso de que todo aquello que provoca sentimientos es arte? Y más cuando se escribe tan bien.

    • Bárbara Arena

      Creo que, cuando me dejaste este mensaje, yo estaba deprimida. Nunca contesté, así que debió de ser por eso. Venía a darte las gracias. Un beso enorme.

  17. C.

    Me he quedado patidifusa… y me he identificado tremendamente… ¿de verdad esto es todo? A mí aún me cuesta aceptarlo.

    • Bárbara Arena

      Nunca respondí a este mensaje. Sospecho que, cuando lo dejaste, yo estaba deprimida, porque ni siquiera recuerdo haberlo leído. Venía a darte las gracias. Gracias. Un abrazo.

  18. Nico Sandoval

    No sé cómo he llegado a tu web, pero enhorabuena, me ha parecido muy bueno tu blog.
    Ejercer libremente el talento, he ahí la verdadera felicidad…

    • Bárbara Arena

      Sospecho que, cuando me escribiste este comentario, yo estaba deprimida. No recuerdo haberlo leído y acostumbro a contestar a todo. Vengo a darte las gracias. Un beso.

  19. Miguel G.

    Me identifiqué muchísimo, enhorabuena por este texto y por el blog, y por la lucidez que encontraste.

    • Bárbara Arena

      Hola, Miguel. Nunca respondí a este mensaje. Sospecho que, cuando lo dejaste, estaba deprimida, porque ni siquiera recuerdo haberlo leído. Sólo quería darte las gracias. Un beso.

  20. exteroceptive

    Hola,
    A riesgo de parecer creepy (o algo que probablemente soy) hoy he vuelto a buscar este post casi a modo de calmante y no he podido resistirme a escribir algo aquí.
    Me encanta leerte. Me flipa lo bien y bonito y exacto que describes cosas que yo misma he intentado poner en palabras mil veces insatisfactoriamente para darme un respiro. Qué difícil conciliar lo de perseguirse a uno mismo y a la vez tener olvidarse y perdonarse para salir al mundo exterior de una vez por todas.
    Un abrazo.

    • Bárbara Arena

      Hola. 🙂 No pareces creepy. Nunca contesté a este mensaje. Sospecho que lo dejaste cuando yo estaba deprimida, porque no recuerdo haberlo leído. Sólo quería darte las gracias. Un beso enorme.

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